CIRUGÍA DE

TIROIDES Y PARATIROIDES

Hay poca gente que no haya oído hablar de la glándula tiroides en la vida diaria. Quien más quien menos, todos conocemos a alguien al que le han operado de bocio. Y el bocio, a fin de cuentas, no es más que el nombre común con el que se describe el aumento de la glándula tiroides. Así pues, a la mayor parte de nosotros nos resulta en cierto modo familiar la glándula tiroides, pero en realidad es muy poco lo que sabemos de ella.

Las glándulas son órganos de secreción que producen sustancias necesarias para el correcto funcionamiento del organismo. En el caso de la glándula tiroides se trata de la hormona tiroidea, cuya función es indispensable para la vida.

La glándula tiroides está situada en la parte inferior de la zona central del cuello. Tiene una forma que recuerda a la de una mariposa, con dos lóbulos –las alas de la mariposa–

y una zona central, denominada istmo que correspondería al cuerpo de la mariposa.

Como cualquier otro elemento del organismo, la glándula tiroides está expuesta a padecer diferentes enfermedades. Las que le afectan con mayor frecuencia son, entre otras, el aumento de tamaño generalizado –habitualmente conocido con el nombre de bocio–, la aparición de nódulos aislados en su interior, o el desarrollo de tumores malignos. Además, la glándula tiroides puede funcionar mal, tanto por exceso, hipertiroidismo, como por defecto, hipotiroidismo. Algunos de estos trastornos pueden controlarse con tratamiento médico. El endocrinólogo es el responsable de controlar estas alteraciones de manera incruenta. Pero en ocasiones es necesario recurrir al tratamiento quirúrgico para resolver el problema, o como mejor forma de conseguir un diagnóstico preciso.