TRATAMIENTO INTEGRAL

DE LA SORDERA

Es uno de los campos en los que más ha avanzado la otorrinolaringología en las últimas décadas. Hace unos años, los pacientes con trastornos auditivos tenían dos opciones terapéuticas: la cirugía, válida solo en algunos casos, y la adaptación de un audífono, que en la mayoría de las ocasiones ofrecía un rendimiento acústico más bien pobre.

Este panorama ha ido desapareciendo progresivamente y actualmente disponemos de múltiples herramientas para devolver a los pacientes al mundo sonoro.

Desgraciadamente para los médicos, el mérito de este cambio no es tanto de nuestra capacidad profesional, como de los avances tecnológicos que se han ido incorporando al mundo de la medicina. El desarrollo digital y la miniaturización electrónica han permitido desarrollar soluciones que hace tan sólo unos cuantos años parecían impensables.

LA SORDERA TIENE

SOLUCIÓN

Los implantes cocleares, que se introdujeron en nuestro país a partir de 1990, han alcanzado un grado de eficacia técnica que nos permite hacer de los niños que nacen sordos personas adultas totalmente integradas en la sociedad. Igualmente aplicamos esta técnica a pacientes adultos que pierden la audición por completo.

En la actualidad no es infrecuente colocar un implante coclear a pacientes por encima de los 80 años. Con expectativas de vida que superan los 90 años en muchos casos, no podemos condenar al aislamiento del mundo del silencio a una persona que “sólo” tiene 80 años, siempre y cuando su estado de salud permita realizar una intervención quirúrgica no extremadamente agresiva, que no suele durar mucho más de las 2-3 horas en condiciones normales.

Pero los implantes cocleares fueron sólo el principio de una historia que, de momento, parece no tener fin. Si fuimos capaces de introducir dentro de la cóclea humana –el caracol del oído– un cable que llevara la información auditiva directamente al nervio auditivo, era poco probable que no pudiéramos resolver pérdidas auditivas menos intensas y teóricamente menos complejas, como son las que afectan a una gran parte de las personas de edad avanzada. Y ahí surgieron los implantes de oído medio. Para que nos entendamos, audífonos como los antiguos, pero mucho más pequeños, y colocados en el interior del oído por medio de una intervención, más o menos compleja dependiendo del modelo que vayamos a utilizar. Hoy en día son varios los modelos disponibles de este tipo de implantes y continuamente se están introduciendo modificaciones y nuevas ideas que mantienen este campo en continua efervescencia.

Existen aún más opciones como los implantes de conducción ósea. Estos se colocan directamente sobre el hueso por detrás de la oreja y transmiten el sonido a través de la vibración del cráneo hasta el oído. Son muy útiles en pacientes con diversas alteraciones, para los que los audífonos convencionales o la cirugía tradicional no aportan una solución útil.

Por último, existen soluciones para los dos extremos de la pérdida auditiva.

  • Los audífonos semiimplantables: en lugar de adaptarse de forma tradicional, se conectan con el oído a través de una pequeña perforación del conducto del oído. Estos aparatos permiten utilizar un audífono convencional con una adaptación especial que puede ser útil en determinadas circunstancias.
  • Y en el caso de las personas totalmente sordas que no tienen nervio auditivo, y para las cuales no son útiles ninguna de las alternativas anteriores, los implantes de tronco cerebral constituyen una puerta abierta al mundo del sonido en unas circunstancias en las que parecería que no existe solución humanamente posible.

Todo este panorama tan prometedor, requiere un conocimiento profundo de las características de cada paciente. Con un abanico de posibilidades tan amplio es imprescindible evaluar cada paciente de forma detallada para encontrar la mejor solución para cada caso. No todos los pacientes con pérdida auditiva tienen la misma solución. Pero actualmente, prácticamente todos los pacientes con pérdida auditiva tienen una solución.